Enrique como todos los días se sentaba en su peldaño favorito de la escalera observando a su abuela quien llevaba las viandas de comida al comedor, a sus tíos Marcelo y Fernando arreglando la sala mientras su hermano mayor Lucas se encontraba en la puerta de la casa viendo a lo lejos a su madre que junto con Berenice, su tía traían el pavo que acababan de mandar a ordenar.
Enrique que era el menor de la familia se encontraba feliz pues era la noche de Navidad, toda la familia iba a estar reunida, todos iban a comer juntos a celebrar con algarabía la gran noche.
Sofía, la madre de los dos pequeños se disponía a colocar la mesa junto con Alondra, la abuela, todo debería de quedar exactamente como lo deseaban, era una noche especial en la cual toda la familia se encontraría, intercambiarían abrazos, regalos, bromas, saludos y grandes conversaciones acerca de proyectos para mejorar la casa.
Los Velasco estaban progresando cada año debido a los ingresos que recibía don Bernardo quien era el patriarca de la casa, esposo de doña Alondra, el cual trabajaba en el Banco Central como conserje y obtenía un buen sueldo, además tenía grandes ahorros que los acumuló por años.
A lo ganado por don Bernardo se le sumaba el sueldo que juntaban sus hijos, Sofía quien trabajaba importando ropa la cual la obligaba viajar por diferentes partes de América para traer prendas exclusivas que aun no llegaban al país, Fernando el cual trabajaba en un conjunto musical, una agrupación de ritmos latinos muy conocida en la ciudad, Marcelo quien era comerciante en una asociación llamada CONAPE, el menor llamado Bartolomé quien andaba en pequeños trabajo de medio cuyo salario solo era para él. Ninguno de ellos estaban casados a excepción de la Berenice quien también era una de sus hermanas, ella residía en un gran edificio frente al convento de La Asunción en el centro de la ciudad, un departamento que había comprado junto con su esposo un coronel del ejército llamado Sebastián Altamirano.
Pero la única angustia que cargaba una parte de la familia era la enfermedad que padecía doña Alondra, ella era una mujer que había sufrido toda su vida pues todo lo que había conseguido no le fue fácil. Desde joven conocido la pobreza y fue maltratada y abusada físicamente por un hombre el cual disfrutaba atormentándola todos los días, es por esta razón la cual ella quedó algo esquizofrénica pero dicha enfermedad no mostró gran relevancia cuando conoció a Bernardo Velasco el cual unos años después se convirtió en su cónyuge. Pero los años pasaban y parecía todo normal cuando poco el comportamiento y la manera de hablar de doña Alondra iba cambiando, se le sentía más nerviosa y cambiaba de emociones a cada momento, este modo fue la causa de que ambos esposos pelearan y discutieran constantemente por ende molestaba y aburría a don Bernardo quien ya empezaba a sentir un disgusto hacia su esposa.
Este problema tenía que soportar una parte de la familia, especialmente los que siempre se quedaban con la abuela para cuidarla y para atenderla en lo que necesitaba.

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